Muchas veces vas por la calle y ves cosas que molestan un poco a la vista, que hacen como ruido, algunas no logras distinguirlas y otras sabes exactamente cuáles son y por qué te molestan. El cuero blanco, por ejemplo, llama demasiado la atención. Simplemente es mucho para el día a día y no creo que haya piezas dentro de lo cotidiano como camisetas, tops y vaqueros que le hagan verdadera justicia. Estos complementos blancos se convierten entonces en lo más sobresaliente de nuestro outfit casual, cuando en realidad son pomposos y nada casuales. Es como el chandal con tacones, que a todos nos hace tanta gracia, simplemente no van bien juntos. La piel blanca para mi, es exigente, exige un momento, un lugar y la combinación con otras piezas tan interesantes como ella misma, incluso exige una personalidad, porque si no te opaca y todo lo demás que llevas puesto se ve pobre a su lado. Mi conclusión es que las botas, los cinturones, los pequeños bolsos de cuero blanco, si no eres Elvis, Michel Jackson, o una estrella en una disco en Miami o Ibiza.... mejor no los uses, el resultado final puede ser más hortera que casual.




 
 
La moda es un mecanismo que el hombre ha creado tras fracasar en la creación de la máquina del tiempo, la diferencia es que ésta ha funcionado. Sólo basta con dar una mirada a un par de escaparates y una puede constatar que ya no se está en el tiempo presente. O bien se divisan horizontes avatarianos de mundos marinos que aún no hemos llegado a habitar o bien volvemos al pasado, sin importar si cualquier tiempo pasado fue mejor o no. Al final lo que importa es el viaje.

Ayer entre la comida y el trabajo, me he dado una vuelta por los veranos parisinos entre el 1914 y 1931, en el nº 32 de la Gran Vía, o lo que es igual, una tienda H&M. Después de pasar unos minutos en la tienda volví a verlos, las chaquetas cortas y cuadradas, el algodón, el punto, el negro, el rosa. Los había visto ya a finales de febrero en un Pull & Bear, pero ahora estaba todo mucho más claro. Seguí caminando por la tienda y allí estaban también el pequeño vestido negro y las perlas; entonces no había duda, alguien había capturado los veranos de Chanel y yo acaba de adentrarme en ellos. La tienda estaba muy iluminada y entre las rayas de marinero y el algodón orgánico se sentía el espíritu de quien supo como nadie entender los cambios de su época y cómo acompañar a la mujer en ellos. Todo lo que veía era sencillo, simple, cómodo y accesible (dado que estaba en H&M, accesible efectivamente sí que era), pero todo parecía sin embargo muy Chic, tal y como Chanel lo había pensado cuando creo su primera colección para vestir a la nueva mujer, a las que huían de París al estallar la Guerra y que ahora necesitaban un atuendo funcional para encarar sus nuevas tareas; y a la nueva burguesía que desplazaría a la antigua aristocracia. Esta nueva sociedad será la que absorberá para siempre como sinónimo de lo verdaderamente elegante el lujo simple de Chanel. Sus legados más importantes probablemente sean el triunfo del lujo sencillo frente a lo ostentoso y por supuesto ella misma, la persona en quién se convirtió y la convicción con la que dijo a todos, ahora la elegancia soy yo, y el lujo son las joyas falsas porque las verdaderas (que no podía pagarlas) son muy ostentosas, y la moda es lo que sea que camine por las calles, porque la moda que permanece sólo en los grandes salones es absurda. Por eso nunca tuvo miedo a ser copiada, al contrario disfrutó de ello.

Quizá si pudiera verlo hoy también disfrutaría. En un aparador de bisutería del H&M, esos donde se exhiben pendientes preciosos por 4.95, había ayer un pack con tres accesorios evocadores: una cadena dorada, un collar de cuentas y un collar de perlas de vueltas. Y como “no hay mejor marco para las joyas que un pequeño vestido negro” y ese también lo tenían, puede decirse que mi viaje estaba completo. Coco seguiría su reinado en la rue Cambon de París, en Ortega y Gasset e incluso en el nº 32 de la Gran Vía. Yo debía volver al 2010, abandonar la tienda e irme a trabajar. Pronto volveremos a vernos, en otro escaparte.
 

    Lo que pretendo escribir es el producto de mi insomnio y de mi gran pasión por la moda y el estilo y su influencia en la vida diaria de las personas, incluso de aquellos que creen no estar influenciados por ella. Mi inspiración para escribir son las personas, lo que deciden vestir, cómo y por qué. Últimamente tengo ganas de decir más cosas sobre el mundo y sobre lo diferente que éste puede verse, dependiendo de los zapatos que te pongas. Mi abuela solía decir que todo depende del cristal con que se mira, yo creo que en alguna medida todo puede depender de las gafas que te pongas, no de la marca de la montura, ni del precio o el color, si no de la elección que has hecho al decidir mirar el mundo a través de ellas y de la razones que impulsaron esa decisión. La moda para mi es una oferta, pero el estilo es una elección. La vida se basa en las decisiones que tomamos y  lo que escribo se basa en la decisiones que nos hacen lucir como lucimos y por tanto ser quienes somos.

    Kelly Gómez.

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    April 2010

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